Esta semana mi hijo me regaló otro vaso de Belgrano de Córdoba. El vaso es de plástico celeste y tiene en un costado un collage compuesto por imágenes en blanco y negro: una imagen de un hincha levantando una bandera con el escudo del club, la parte superior del frente del edificio del cine Colón y el ingreso del Hospital de Clínicas sobre la calle Santa Rosa. Debajo se puede leer Alberdi y una leyenda: "del Barrio de Alberdi yo soy".
Mi hijo me dió el vaso y me dijo: para que puedas seguir escribiendo, como escribiste sobre el vaso del Picante. En ese momento me di cuenta que hay alguien en esta casa que se toma mi escritura en serio.
Rejunte de textos cuasi biograficos, cuentos, cuentitos, cronicas y divagues varios
Sunday, March 30, 2014
Monday, March 17, 2014
Trending Topics
La semana pasada tuve mi propio par de Trending Topics (TT). En
honor a la verdad no fueron realmente TTs de Twitter. Fueron más bien el
equivalente a pequeña escala de ese fenómeno de repetición por millones que se
produce cuando alguien, como por ejemplo Yanu (@YanuPerez14), escribe un tweet
insertando al final de la frase un hashtag como #TeDariaBolaPero o
#PeliculasQueNoCansan y los demás se prenden y empiezan a twitear y retwitear
frases relacionadas de alguna forma con la temática planteada por el hashtag
(etiqueta) en cuestión.
En mi caso, más que una frase inteligente o irónica o
cargada de críticas al gobierno argentino o al Papa Francisco, lo que disparó los
comentarios de mi grupo de amigos de Facebook, los cuales por otro lado no
llegan siquiera a 100, fueron 2 fotos. Las fotos en cuestión tampoco tenían
el aire frívolo / cool de la foto selfie de Ellen DeGeneres en los Oscar 2014,
la cual logro dos millones de re-tweets en menos de 3 horas, convirtiéndola en
la foto mas viral / famosa de la breve pero intensa historia de Twitter. Veamos…
Trending Topic 1 – El asador
En una de las fotos se puede ver un asador de hormigón pre-moldeado
con el comentario: “El Asador recién armado”. El asador en cuestión se muestra
adusto, serio, todo gris, recién armado en el patio de mi casa. La foto la tomé
y la subí con mi celular, embargado por la emoción de saber que ya no iba a
hacer mas asados sobre un montón de ladrillos desparramados en el piso, luchando por evitar que alguno de los perros se robe un pedazo de carne de la
parrilla. La foto cosechó la friolera de 22 “Me Gusta” y 26 comentarios. A título de ejemplo, a continuación incluyo
5 comentarios seleccionados:
Alejandra
Buenísimo! el sáb estamos x allá! ; )
10 de Marzo a la(s) 17:41 • Ya no me gusta • 1
Ricardo le falta humo a eso...
10 de Marzo a la(s) 17:48 • Me gusta
Dario Hay que
estrenarlo urgente!
10 de Marzo a la(s) 18:58 • Me gusta • 1
Sebastian Espero
que no me hagas comer el amague como el sabado pasado... ja ja ja
10 de Marzo a la(s) 19:40 • Me gusta • 1
Javier vamos
carajo, hay que salir a cazar algun animal y meterle leña
10 de Marzo a la(s) 23:18 • Me gusta
Nótese el espíritu carnívoro y la ansiedad de la audiencia, que exige / demanda humo, asado, estreno de asador y parrilla ese mismo fin de semana.
Trending Topic 2 – El hombre del paraguas
En la segunda foto, tomada por mi comadre a través de la
ventanilla de un auto (el cómo sigo siendo una persona que cree que en las instituciones
del padrinazgo y / o madrinazgo será analizado en otro futuro post), se puede
ver a un hombre de perfil; sosteniendo, cual promotora de TC 2000, un paraguas
bajo la lluvia. Un poco más abajo, aparentemente resguardado por el paraguas, puede
divisarse un bulto, otro hombre agachado, casi tapado por la curva del capot y
el guardabarros delantero izquierdo.
El hombre que sostiene el paraguas soy yo. El hombre
agachado, quien en realidad a esas alturas y a pesar del reparo del paraguas,
ya estaba completamente empapado tratando de cambiar una rueda pinchada, es mi
compadre.
Esta segunda foto recogió 25 “Me Gusta” y 14 comentarios, la mayoría de los cuales todavía me
hacen poner colorado…
Gabriela Uh! que
paso??!!
14 de Marzo a la(s) 9:43 · Me gusta
Claudio Un capo
pablo...siempre tan atento.
14 de Marzo a la(s) 9:47 · Me gusta · 1
Cristina Pinchadura
de neumático en la ruta
14 de Marzo a la(s) 10:15 · Me gusta
Soledad Estas
cosas ya no se ven!!
14 de Marzo a la(s) 11:05 · Me gusta
Rafael Me hizo
acrodar a Carli Calvo y Pablo Rago. Friends!!!. Maravilloso
14 de Marzo a la(s) 11:57 · Editado · Me gusta · 1
Judith IMPECABLE
14 de Marzo a la(s) 13:53 · Me gusta
Pablo Ufa... me
van a hacer poner colorado... es muy simple... el compadre se merece que le
tenga el paraguas y mucho mas
14 de Marzo a la(s) 16:10 · Me gusta · 2
El último comentario incluido arriba es mío. Es lo mismo que
volvería a escribir ahora, mientras pienso en como mi compadre me ayudó / cuidó
/ acompañó mil veces a lo largo de los últimos 20 años, haciendo que sostener
un paraguas bajo la lluvia, mientras mi comadre nos saca una foto, sea para mí lo
más simple y natural del mundo.
Monday, March 3, 2014
El vaso del Picante
Ayer me desperté a eso de las 9:30hs. Llovía. Hacía varios días
que llovía sin parar. Me levante tratando de no hacer ruido para que no se
despierte mi hija. Una mancha de humedad en el techo del baño me mostraba cómo la
lluvia había ido penetrando lentamente las distintas capas de nuestro techo.
Fui a la cocina para prepararme el desayuno. Miré el patio
mojado por la lluvia por el ventanal de la cocina. Los jazmines amarillos al
fondo del terreno formaban una cascada de verdes hojas y gotas cayendo hasta el
césped. El cielo gris recortado por la copa de los arboles.
Prendí una hornalla y puse la plancha para hacer tostadas.
Mire hacia la cafetera sin demasiadas esperanzas. Obviamente no había café hecho.
Puse una servilleta de papel a modo de filtro. Busqué el frasco de café y
cargué a ojo el equivalente a 3 o 4 pocillos. Busqué algún recipiente para
cargar el agua y al mirar hacia mi izquierda vi el vaso de plástico celeste. Llené
el vaso con agua de la canilla y cargué la cafetera. La encendí. En ese momento,
todavía medio dormido, me di cuenta que no podía reconocer el vaso de plástico que
sostenía en mi mano izquierda. Es decir, el vaso en cuestión, no era parte reconocible
de la amorfa y diversa colección de vasos de plástico que mis hijos colectan y
tunean con calcomanías sacadas de envases de yogur. Vasos de princesa. Vasos de
Halloween. Vasos de la muñeca descerebrada de piernas largas y cintura
diminuta. Vasos de algún superhéroe o personaje de dibujos animados.
Acerqué el vaso, mecánicamente. Lo puse frente a mí. Era grande, alto. El típico vaso de cadena de
cines, que permite a un niño servirse casi medio litro de gaseosa de una sola
vez. Me llamó la atención el color celeste del plástico. El lado que tenía hacia mí era liso, no tenía
dibujos o inscripciones. Lo di vuelta lentamente y entonces lo vi, mirándome.
El Picante Pereyra. El Picante repetido en fotos blanco y negro. El Picante saludando
con el brazo derecho en alto. El Picante festejando un gol. El Picante tirando
una chilena como solo él puede hacerlo. Debajo dos inscripciones: “Picante” y más
abajo “por la camiseta”, “por el carnaval”.
¡Un vaso Pirata! ¡Un vaso de Belgrano de Córdoba! Como si
dos neuronas hubieran hecho contacto de pronto en medio de mi cabeza, recordé que
mi suegra había comentado durante la semana que el diario traía de regalo cada
domingo un vaso dedicado a cada uno de los cuatro clubes de futbol de Córdoba.
El vaso en cuestión debía ser uno de los vasos futbolísticos del diario. Siendo
el único hincha de Belgrano de la familia, era lógico que el vaso terminara en
casa.
Volví a mirar el vaso, con orgullo. Si me pudiera ver el
Pelado, pensé. Le daría envidia. Se lo podría regalar. Después de todo él es el
responsable, el culpable mejor dicho, que yo sea hincha de Belgrano. No de Talleres.
No de Instituto. No de Racing de Nueva Italia. Hincha del Club Atlético
Belgrano de Córdoba. El pirata cordobés. El celeste de Alberdi.
Originalmente, antes
de venir a estudiar a Córdoba, yo había sabido ser, por mandato familiar, por herencia
de mi abuela materna y mi tía, un hincha de Boca más. Era natural que viviendo
en una provincia donde los clubes locales apenas podían aspirar a participar de
algún campeonato regional o a lo sumo el Nacional B, uno se terminara haciendo
hincha de alguno de los clubes grandes porteños. En este país claramente
unitario en lo que a pasiones futbolísticas se refiere, uno terminaba
encontrando hinchas de Boca, River o San Lorenzo en lugares alejados de la
Capital, dispersos en la geografía nacional. Así podían encontrarse hinchas de
River en la lejanía de La Quiaca, hinchas de Boca en lo profundo de La Pampa o hinchas
de San Lorenzo o Independiente en la húmeda provincia de Misiones. En la mayoría
de los casos, extrañamente, estos hinchas remotos, nunca habían pisado la
cancha del club de sus amores. Era algo así como ser hincha a la distancia del
Barcelona, el Real Madrid o la Juventus. Había casos extraños, merecedores de algún
estudio sociológico, como el de mi propio padre o el padre del Pelado, quienes
viviendo en Misiones y desafiando las generales de la ley, eran hinchas
confesos de Estudiantes de La Plata. Previsiblemente, con el tiempo, el Pelado
mismo resulto ser a su vez hincha de Estudiantes.
Cuando nos vinimos a estudiar a Córdoba, el Pelado, que de fútbol siempre entendió mucho más que yo, se hizo hincha de Belgrano. O sea, no
es que dejo de ser hincha de Estudiantes, pero se las arreglo para hacerle
lugar a la pasión por el pirata cordobés. De a poco, como por imitación, yo que
no era un hincha muy fanático de Boca, me fui haciendo también hincha de
Belgrano. Y mientras empezábamos nuestras carreras universitarias y aprendíamos
a vivir solos en una ciudad nueva, íbamos aprendiendo también quien había sido la Chacha Villagra, donde quedaba el Gigante de Alberdi y cuantos clásicos con
Talleres había ganado el celeste.
Pasaron unos pocos años. De alguna forma avanzábamos en
nuestras carreras universitarias. Nos habíamos acostumbrado a estar lejos de
casa. Nos íbamos volviendo cordobeses. Tan cordobeses como un misionero pudiera ser. Los fines de semana jugábamos al fútbol. Los fines de semana escuchábamos fútbol en la radio. Y así pasábamos la vida. Hasta que un día, un puto día
triste, el Pelado tuvo que volverse a Misiones. Y yo me quedé.
Pasaron varios años mas. Con el tiempo, empecé a ir de vez en cuando a la cancha. Vi
al pirata jugar en Alberdi. Lo pude escupir a Graciani jugando para Argentino
Juniors a través del alambrado de la popular. Estuve en el Chateau, en medio de
los papelitos, el día que ascendimos contra Aldosivi. Vi jugar a Belgrano por
la tele quinientas veces, renegando, puteando. Descendimos. Ascendimos.¡Vi a Belgrano descender a River en el Monumental! Y siempre, todo ese tiempo, cada vez que lo veía jugar al celeste, en algún lugar adentro mío, me acordaba del Pelado, mi amigo que me hizo
ser hincha pirata y me lo dejo de regalo, naturalmente, como si hubiera nacido
en Alberdi, cerca de la cancha...
El gorgoteo de la cafetera terminando de preparar el café me
trae de vuelta. El Picante me sigue mirando con el brazo en alto. Definitivamente, cuando lo vuelva a ver al Pelado tengo que regalarle este vaso.
Saturday, March 1, 2014
Experimento nro 1
Un amigo me dijo que intente con poesía... no estoy seguro que esto sea, pueda ser poesía... experimento entonces...
Nada nos separa.
Nada nos une.
Remontamos la noche, ignorando las señales.
Solo nos guía el instinto.
Violentos depredadores recorriendo los espacios a nuestro alrededor.
Buscamos una forma, un aroma, un movimiento.
Golpeamos a veces. Otros cuerpos.
Sentimos el dolor. Apretamos los dientes.
Y seguimos. Corriendo. Volando. Sangrando.
Y la noche dispara. Sus gritos.
Y seguimos. Gritando. Cantando. Sangrando.
Y la noche se ríe.
Y nosotros seguimos. Buscando.
Buscando-nos.
Buscando-te.
Buscando-me.
Y la noche se duerme lenta.
Y nosotros despertamos en nuestros cuerpos.
Solos.
Nada nos separa.
Nada nos une.
Remontamos la noche, ignorando las señales.
Solo nos guía el instinto.
Violentos depredadores recorriendo los espacios a nuestro alrededor.
Buscamos una forma, un aroma, un movimiento.
Golpeamos a veces. Otros cuerpos.
Sentimos el dolor. Apretamos los dientes.
Y seguimos. Corriendo. Volando. Sangrando.
Y la noche dispara. Sus gritos.
Y seguimos. Gritando. Cantando. Sangrando.
Y la noche se ríe.
Y nosotros seguimos. Buscando.
Buscando-nos.
Buscando-te.
Buscando-me.
Y la noche se duerme lenta.
Y nosotros despertamos en nuestros cuerpos.
Solos.
Friday, February 28, 2014
Un sueño
Un sueño recurrente... Abrís los ojos y estas solo en la oscuridad. Silencio... de a poco vas reconociendo una especie de murmullo, como de gente hablando en voz muy baja. Das un paso y el piso debajo de tus pies cruje. Madera. Te quedas quieto, reteniendo la respiración, tratando de identificar los sonidos a tu alrededor. El murmullo nuevamente. De pronto escuchas el ringtone de un celular. Suena una, dos veces y se apaga. Contás los segundos pasando interminables. Das otro paso. Cerras los ojos. Tratas de identificar las voces que susurran. Abrís lo ojos nuevamente. Fijás la mirada en un punto delante tuyo. De a poco empezás a acostumbrarte a la oscuridad. Y en ese momento, se empieza a correr una cortina, un telón. Ahora podes ver mas allá, mas lejos. Una sala grande, oscura. Parece estar llena de gente. Público. No podes verles las caras. Sabes que están ahí, pero no podes verles las caras. Se encienden las luces y te encandilan. Estas parado en medio del escenario. Sentís las miradas de todos en la sala clavadas en tu cara, en tu pecho. Querés hablar, gritar, pero las palabras se atragantan sin poder salir. Tratas de cubrirte la cara. Con una mano haciendo de visera tratás de ver algo bajo la luz que te baña despiadada. Empezás a llorar... y en ese momento te despertás en la oscuridad.
Thursday, February 27, 2014
Spanglish III
A ver... sigamos con la historia del profe y la alumna... unos días despues
Estaba leyendo el diario por Internet cuando vio la noticia:
“Whatsapp fue comprado por Facebook”. Automáticamente se acordó de ella. Había
demorado todo lo posible el reencuentro, el siguiente contacto. La época de
exámenes había ayudado un poco. Hubiera sido bastante incomodo, al menos para
él, encontrarla de nuevo en la facultad, después de aquella noche. Además,
sabía que ella lo iba a fulminar con la mirada en cuanto lo viera. La conocía
lo suficiente como para saber que no le había hecho gracia su huida furtiva en
la madrugada. No es que fuera una mina romántica que esperaba que la despertaran
llevándole el desayuno a la cama. Aunque sea podría haberse despedido.
Decidió llamarla. De todas formas tenían que volver a verse.
Quería volver a verla. Una parte de él había pasado los últimos días pensando
en ella. Su imagen estaba ahí, flotando todo el tiempo en su mirada, como
interfiriendo en su visión del mundo. Busco el celular en el bolsillo del saco.
Lo tomo con la mano derecha y dibujo el patrón de desbloqueo. Abrió la lista de
contactos y busco su nombre. Su contacto solo tenía cargado el teléfono, sin
foto ni mail. Presiono el botón verde de llamar mientras se llevaba el teléfono
al oído. Después de unos segundos escucho el tono de llamado. Uno, dos, tres,
cuatro tonos y después el mensaje impersonal del contestador: “tres, cinco,
uno, dos…”. Corto antes de llegar al “…no está disponible…”.
Estaba seguro que ella no lo iba a llamar. Y él tenía ganas
de volver a llamarla. Una y otra vez. Hasta que pudiera volver a escuchar su
voz del otro lado de la línea. Y quería volver a verla. Y mirar sus ojos y sus
piernas delgadas. Y sus manos con esos anillos que a él le gustaban tanto.
Sabía que ponerse cargoso, después de varios días de no verla,
de esquivarla, no era la mejor idea. Se sentía un adolescente pelotudo
corriendo detrás de la minita que le gusta. Corrección, se sentía como era él
cuando adolescente y una minita le gustaba. Los adolescentes de ahora ya no
hacían esas cosas. El interés en una persona, una relación, es de pronto efímero,
volátil. Como si no pudieran mantener la atención en algo que no fuera un teléfono
celular por más de 5 minutos. El los veía llegar en los primeros años de la
facultad, prendidos a sus móviles, chateando sin levantar la cabeza, conectados
entre sí en alguna de las redes sociales de turno. Y trataba de acercarse a
ellos. Remover barreras. Establecer contacto. Entender ese mundo de ansiedad permanente. Solo hoy.
Todo ya. Hay que viajar ya. Conocer gente ya. Encontrar alguien que te gusta
ya.
Y un día llego ella. Él la vio y lo primero que pensó fue
que era la típica nena de papa. Malcriada. Intuyó que ella iba a buscar siempre
y a cualquier precio ser el centro de atención. Podía recordar su pelo largo
suelto. Su suéter azul casi eléctrico. Jeans gastados. Botas marrones. Flaca. La
vio caminando rápido por un pasillo, viniendo hacia él y en ese momento
alguien, otro de sus alumnos, la llamo y se acerco para presentarlos.
Después empezaron a verse en clase y resulto que ella no
solo era linda, con esa lindura imperfecta tan propia de ella, sino que además
era muy inteligente. Y tenía un sentido del humor bastante ácido. Y de a poco
el se fue encariñando con ella. Y paso a ser su favorita en la clase. Y afuera
de la clase. Y cuando se cruzaban en un pasillo de la facultad, el se detenía y se quedaban
charlando, de cualquier cosa. Y si él pasaba por la puerta del bar de la
esquina de la facultad y la veía sentada adentro, automáticamente entraba, pedía
un café y se sentaba a mirarla.
De alguna manera, ella se dio cuenta. En algún momento sus
miradas se cruzaron y ella se dio cuenta. Y contra todo pronóstico, en vez de
rechazarlo, de a poquito le empezó a dar señales, tibias, vagas. Y él la siguió
mirando, buscando. Y se empezaron a encontrar fuera de la facultad. Una vez. Varias
veces. Y él le hablaba de cine y de libros. Y ella le hablaba de los viajes que
había hecho y los que quería hacer. Y aunque casi no tenían nada en común, podían
pasar horas hablando, simplemente mirándose.
En algún momento a él se le había disparado una alarma interior
que le decía que eso que estaba empezando a pasar cuando estaba con ella,
cuando la miraba, estaba mal. El ya conocía esa alarma. No era la primera vez
que le pasaba. Podía recordar otras alumnas que habían causado cuadros
similares en el pasado. Una parte de él decidió ignorar la alarma. Otra parte empezó
a sentir culpa. Y para esa época fue que empezó a soñar con ella.
La vibración del teléfono en el bolsillo lo trajo de vuelta.
Era ella, devolviéndole la llamada.
Saturday, February 15, 2014
Adiós a Santiago Feliú
Se
murió Santiago Feliú. El último miércoles, el post de una amiga en Facebook nos
avisaba con una puteada que Santiago Feliú había muerto. Y yo, que algo conozco
de Silvio
Rodriguez, debo confesar que no sabía nada de él.
Fue
cuestión de googlear y encontrar en Youtube parte de su obra y empezar a
entender por donde iban sus letras, su poesía.
Pequeño
homenaje para el, con la canción “Para Bárbara”
Subscribe to:
Posts (Atom)