Sunday, May 18, 2014

Porque escribo...

Hay un vídeo en los archivos de TEDx Rio de La Plata que se titula "Como matar al intermediario". El vídeo dura aproximadamente 18 minutos. En el vídeo se puede ver a un gordo que ingresa al escenario por la derecha, se para en medio del escenario, frente a un auditorio lleno de gente y comienza a hablar, apoyándose en el respaldo de una banqueta. El gordo está medio nervioso. Comienza explicando el porqué de su extraño acento. Alrededor del minuto, minuto y 10 segundos, el gordo de extraño acento y bolso en bandolera, haciendo una breve pausa, empieza a explicar porqué empezó a escribir, varios años antes, un blog llamado Orsai

Básicamente, el porqué el gordo empezó a escribir el blog parece originarse / explicarse en 2 hechos terribles: la crisis de Argentina de 2001 y el campeonato de primera que Racing gano ese mismo año. Estos 2 hechos, sobre todo el campeonato de Racing,no deberían haber sido circunstancias terribles por si mismos; pero combinados con la distancia, ya que el gordo estaba viviendo en España, devinieron en tragedia. Era terrible no poder celebrar el campeonato de Racing con su padre, con quien siempre habían imaginado festejarlo juntos. La sensación de estar "fuera de juego", en off-side, terminó de definir el nombre del blog en el cual el gordo empezó a escribir las cosas que sentía, que se imaginaba, las cosas que le pasaban. 

El video / el gordo continúa a lo largo de los casi 17 minutos restantes explicando como el blog devino en éxito, generando una extensa comunidad de fieles lectores / seguidores. Cómo esa misma comunidad años después soportó / acompañó una revista literaria encarada al costado / al margen de la industria editorial tradicional. Cómo la revista a su vez resultó ser un éxito. Cómo el blog y la revista terminaron pariendo un proyecto editorial y un bar... y así, un logro tras otro, hasta el minuto 18. Aplausos, risas, ovación. Más aplausos. Cómo buscar y encontrar la felicidad haciendo lo que a uno le gusta.  

El gordo en cuestión es Hernan Casciari. Es uno de mis ídolos, junto con Maradona y Narda Lepes. Cada vez que veo el video, me quedo pensando... tratando de responder desordenadas las mismas preguntas implícitas que Hernán va respondiendo a lo largo de los 18 minutos... hasta que solo queda una pregunta flotando... la del minuto diez... ¿porqué escribo? ¿porque escribo este blog?

Yo no me fuí a vivir a otro país, pero si vivo lejos de mis viejos y mis hermanos. Hace ya muchos años que solo los veo 2 o 3 veces por año. Suelo estar mas o menos triste. Mas o menos feliz. Generalmente los años pares me suele ir bien. Los años impares no tan bien. Me gusta leer. Me gusta mucho leer. Una compañera de trabajo dice que la gente que lee mucho, que de alguna manera se refugia en los libros, esta tratando de escaparse de este mundo, del mundo real. En mi caso creo que en parte eso es cierto, pero cuando leo siento que no solo me estoy escapando de este mundo, sino que estoy sumando otros mundos, otras vidas a esta que a veces no me alcanza para todo lo que quiero hacer, todo lo que quiero ser.

Creo que empecé a escribir este blog como consecuencia de una larga serie de pequeños acontecimientos... Nada dramático. Nada puntual. Mi club no salió campeón. No hubo una crisis económica... o mejor dicho fueron varias... Solo una colección de pequeñas tristezas, de pequeñas alegrías, me fueron llevando, arrimando a un punto en el que naturalmente / orgánicamente, comencé a escribir... y las cosas buenas que me pasaban se volvían mejores cuando las escribía, alterándolas apenas al pasarlas al teclado... y las cosas malas, de pronto pesaban menos, como si se volvieran distantes / etéreas al verlas en la pantalla de la notebook... y empecé a tomar breves textos que había escrito hace muchos años y volví a recordar lo que sentía cuando los escribía... y traté de escribir solo cuando tenía ganas, cuando algo que me pasaba, algo que leía o veía, me disparaba las ansias de ver el texto terminado en la pantalla... y después traté de escribir como respetando un hábito, una vez a la semana, como si tuviera que entregar una columna para un diario... y escribí cosas que viví en carne propia... y escribí cosas que vivieron o pudieron vivir otros... cosas que pasaron... y cosas que nunca van a pasar...

No creo tener todavía la respuesta definitiva a la pregunta... esa pregunta... la razón de mi escritura... solo sé que, como dice mi biografia levemente distorsionada, cuando estoy escribiendo siento algo parecido a la felicidad.

Thursday, May 8, 2014

Desorden

Mi relación con el orden y el desorden es un poco complicada. Todos los días despierto manoteando el celular mientras volteo algunos de los objetos amontonados encima de la mesa de luz. La última Orsai, un libro de crónicas, un libro de Juan Villoro, la cámara de fotos, un radio reloj que hace por lo menos un año esta sin pilas, un velador que me regaló mi suegra, dos o tres piedras viajeras que mis hijos trajeron de las últimas vacaciones...¿o fueron las ante-ultimas?..  el celular que hace las veces de despertador. 

A veces, las menos de las veces, después de apagar la alarma del celular, me levanto inmediatamente. Otras veces, me vuelvo a quedar dormido. Cuando finalmente me decido a salir de la cama, medio dormido y en cuatro patas busco los zapatos y / o zapatillas que están desparramados por el piso, alrededor y debajo de la cama. 

Encaro para el baño. En el medio del baño hay una silla. Arriba de la silla hay ropa. Ropa que no necesariamente esta limpia. Ropa mía. Ropa de los chicos. Ropa de distintas eras.

Me miro en el espejo. Hay un tipo con cara de dormido que me mira del otro lado. Barba de varios días. Incipientes ojeras. Tomo mi cepillo de dientes, separándolo de la colección familiar de cepillos. Se supone que el cepillo de dientes debería cambiarse cada 2 o 3 meses. El mío ciertamente superó ese período de uso hace rato. Las cerdas gastadas han perdido su prolija alineación y me miran como diciendo ¿cuando iremos a descansar de este tipo y sus dientes torcidos?

Finalmente el cepillo vuelve con sus congéneres y yo sigo mi recorrido que desemboca en la cocina. A buscar mi taza naranja. Si tengo suerte, la taza va a estar limpia. Si tengo aún mas suerte, la cafetera va a tener café. Busco la leche en la heladera. El interior de la heladera es un pequeño universo en sí mismo. Siempre hay dos o tres tuppers con distintas comidas descomponiéndose en su interior. Una o dos cremas de leche en distinto grado de decadencia. No alcanzan, no sirven las fechas de vencimiento. Es necesario, indispensable, valerse del olfato.

Vuelvo a mi habitación, esquivando una tabla de planchar que no usé y varias pilas de ropa. Me visto con la ropa menos arrugada que encuentro. En el proceso, arrojo la remera que usé para dormir en algún lugar que no voy a poder recordar. El principal desafío es poder encontrar dos medias iguales en mi cajón de las medias. Es como si las medias estuvieran vivas y por las noches, mientras no las miro, decidieran entremezclarse, escaparse abandonando a sus parejas.

Salgo corriendo para la oficina. Mientras abro el portón para sacar el auto miro una vez más hacia los vestigios de los materiales de una obra que terminamos hace años, apilados detrás del muro del jardín. Me vuelvo a repetir que algún día los voy a sacar de allí, desarmando ese pequeño recordatorio de mi propia naturaleza.

Guardo la mochila en el baúl del auto. Dentro del baúl esta la rueda de auxilio toda embarrada que prometí colocar en su soporte al volver del último viaje. El auto arranca sin inconvenientes. La tierra que lo cubre, principalmente por fuera, no impide que el motor funcione perfectamente. Al mirar hacia atrás, mientras maniobro para sacarlo de la cochera, alcanzo a divisar una media sucia de mi hija tirada sobre el asiento y un vaso de cartón en el piso. Hija de tigre. Al volver la vista al frente, re-descubro la pila de papeles, facturas y tickets amontonada sobre la guantera. Por las dudas, ni siquiera intento abrir la guantera.

Recorro el mismo camino todos los días. Al llegar a la oficina, los papeles desparramados están ahí, sobre el escritorio, donde estaban ayer, y antes de ayer y antes de antes de ayer. Hay un post-it color rosa pegado en el monitor. En el post-it está escrito un número de teléfono que no puedo recordar de quien es.

Saco la notebook de la mochila y miro de reojo a la informe masa de papeles que sigue allí dentro, oculta de la vista de los demás mortales. Recibos, facturas, boletas de luz, boletas de teléfono, revistas del cable se amontonan en plácida anarquía.

Trabajo durante todo el día. Anoto cosas en el pequeño pizarrón de mi escritorio. Hago listas en las cuales trato de priorizar lo que tengo que hacer, lo que no debo olvidar. La superficie blanca de a poco se va cubriendo de anotaciones, flechas, símbolos... gradualmente el desorden aflora, reinando también allí. 

Al volver a casa por la tarde, descubro que el desorden me siguió esperando pacientemente durante todo el día, allí donde lo dejé al irme a trabajar. Lo poco que mi mujer pudo haber acomodado por la mañana, se vuelve a desordenar en escasos minutos, como si nunca nadie hubiera intentado alterar esa capa consistente de caos que cubre la mayoría de las superficies de nuestro hogar. 

Después de cenar, mientras miro en la tele algún programa infantil con mis hijos, observo detenidamente los rastros del desorden. La mesa del comedor cubierta de papeles y útiles de mis hijos. Las bibliotecas con los libros cubiertos de más papeles. Los respaldos de las sillas cubiertos con ropas, toallas y repasadores.

Finalmente, como todas las noches, mientras me voy quedando dormido mirando el techo acostado en la cama, imagino que mañana voy a despertar y todo va a estar ordenado y yo voy a ser yo, pero un yo más prolijo.

Sunday, May 4, 2014

Incapacidades...

El otro día leí un texto de Juan Villoro, en el cual el escritor mexicano relataba / relacionaba dos hechos de su infancia: la llegada del hombre a la luna y su incapacidad para silbar fuerte. Aparentemente, el niño Villoro no era capaz de silbar lo suficientemente fuerte como para poder llamar desde la calle a una chica, que vivía en un cuarto piso, de la cual estaba enamorado.

Yo tampoco podía silbar fuerte cuando era chico. Podía silbar suavecito acompañando una canción, pero no podía lograr un silbido que fuera lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de alguien en la calle, o para usarlo en la cancha, chiflando al referí. Al día de hoy, sigo sin poder silbar fuerte.

Hay otras debilidades / incapacidades que me acompañan desde chico. Por ejemplo, nunca aprendí a atarme correctamente los cordones de los zapatos. Recuerdo de chico estar sentado en el piso, en una colonia de vacaciones, los demás nenes formándose en filas. Yo estoy llorando. No puedo atar los cordones de mis zapatillas Flecha. Mi hermana se acerca y me rescata, atándome los cordones. 

Mi mujer, bastante diplomática, dice que me ato los cordones de una manera extraña. Miro los canales de programas infantiles y cuando aparece algún programa educativo donde enseñan a los niños a atarse los cordones haciendo dos orejitas me pongo a practicar junto con mi hija de tres años. Lo de las dos orejitas me funciona mas o menos. Generalmente una de las orejitas se me desarma a mitad del proceso y termino estirando uno de los cordones, pellizcándolo a través del lazo que alcancé a formar con la otra orejita. Mi hija me mira, me muestra sus propios cordones y me pregunta: ¿Papi, están bien mis cordones?. Afortunadamente, aún no se da cuenta que su padre no tiene la autoridad moral para juzgar la terminación de sus nudos.

Sunday, April 27, 2014

Los socios de EMSA y la oscuridad...

Anoche me levanté como a las 3 de la mañana. Después de pasar por el baño, empecé mi clásica recorrida nocturna de apagado de luces. Es que mis hijos, siguiendo mandatos ancestrales que vienen desde la época del hombre de las cavernas, insisten en prender todas las luces posibles antes de irse a dormir. Apagué las luces del living. Apagué la luz del pasillo. Apagué las luces del baño de los chicos. Y por último, apagué las luces del patio, dejando a oscuras también a los perros.

Mas o menos a la mitad del recorrido oscurecedor, recordé que cuando yo era chico, mi madre nos gritaba: ¿Son socios de EMSA (Empresa de Energía eléctrica) o que? - mientras iba apagando las luces que nosotros dejábamos encendidas por toda la casa. Mis hermanos y yo, quienes a esas alturas no entendíamos todavía de ironías, nos quedábamos mirando sin entender muy bien que quería decir eso de ser "socios" de la empresa de energía y seguíamos jugando y prendiendo luces. Ya mas grandes, al fin conscientes del valor del dinero, habríamos de comprender la motivación de índole económica / financiera de la frase en cuestión, la cual mi madre había heredado de su madre. 

En mi caso, la motivación de la conducta apagadora de luces, propia de un legendario señor de la oscuridad, no es solo de índole económica. De alguna manera, mientras voy apagando las luces, pienso que no solo voy a conseguir reducir el importe de nuestra factura de luz, sino que también voy a contribuir con mi pequeño granito de arena a la conservación del medio ambiente, a la preservación del Amazonas y a la reducción de los gases de efecto invernadero. Nuestro amigo Pablo, enemigo declarado del ambientalismo, diría que todo esfuerzo individual que hagamos es absolutamente al pedo. Que para que vamos a ahorrar luz si el vecino de al lado y las grandes empresas van a seguir haciendo lo que se les antoje, prendiendo luces a diestra y siniestra, encendiendo estufas y abriendo las ventanas al mismo tiempo, aplicando procesos contaminantes y poco eficientes, venteando gas, demorando el desarrollo y la venta de autos eléctricos y tantas otras cosas mas que conforman una innumerable lista de usos poco racionales de la energía y contribuyen a la degradación del medio ambiente. Nosotros lo escuchamos argumentar contra el ahorro de energía, lo vemos prender orgulloso sus calentadores eléctricos para calentar el agua del mate, compartimos unos mates con él y su familia y luego nos retiramos a seguir comprando nuestras luces de bajo consumo.

En los últimos días, sumé una nueva causa a mi cruzada. Después de ver un documental acerca de los efectos de la luz artificial sobre la incidencia en la aparición de cáncer de mama en las mujeres de los países desarrollados, decidí reducir, aunque sea de forma paulatina, la cantidad de horas que paso expuesto a la luz artificial. O sea, no es que pretenda evitar el cáncer de mama, pero según el estudio que varios científicos e investigadores desarrollaron durante más de 25 años, el cerebro de las personas posee un mecanismo, directamente asociado a la presencia / ausencia de luz que regula los ciclos circadianos. Dichos ciclos naturales de actividad y reposo, sobre todo los de reposo, son los que permiten a nuestros cuerpos descansar y auto repararse. Los resultados de la investigación identifican a la costumbre de irse a dormir mirando la televisión o leyendo en la pantalla azul de una computadora como una de las prácticas de mayor impacto en los ciclos naturales de nuestro organismo.

Hasta ahora solo logré apagar las luces antes de lo acostumbrado en dos oportunidades. Al tercer día fracasé estrepitosamente y me quedé dormido como a la una de la mañana mirando tele en la cama. El resto de la semana alterné malas y peores, durmiendo a cualquier hora y recorriendo la casa a la madrugada en busca de las luces prendidas. Es como si estuviera tratando de empezar a una dieta que de entrada se que solo voy a poder cumplir hasta el próximo asado. Soy la vergüenza de los Señores de la Oscuridad.

Tuesday, April 15, 2014

Masticando...

Hay quienes dicen que hay que masticar bien la comida antes de tragar. En mi caso, debo aclarar que inconscientemente, sigo al pie de la letra el consejo. Hoy por ejemplo, me puse a contar cuantas veces masticaba los fideos antes de tragarlos y llegué a contar mas de 30. Calculo que cuando como asado debe ser peor. El como llegue a transformarme en semejante ejemplar de rumiante poco tiene que ver con una toma de conciencia o con una prescripción médica. Desde que tengo uso de razón, mastico la comida hasta transformarla en una especie de puré que supongo debe ser mas fácil de digerir. Cuando era chico, en gran parte como consecuencia de este hábito, siempre me quedaba comiendo solo en la mesa. El resto de la familia comía, contaba como le había ido en el trabajo o el colegio y cuando terminaban de comer se levantaban de la mesa. Mi tía recogía los platos de los demás y se los llevaba para lavarlos y yo me quedaba solo, masticando, masticando, masticando.

Cuando empecé la secundaria la cosa siguió mas o menos igual. Lo que solía pasar era que mis compañeros, cuando comíamos algún sandwich a la salida del colegio, terminaban antes que yo y se me quedaban mirando, cómo tratando de entender que carajo me pasaba que comía tan lento. Cuando me invitaban a comer a la casa de algún amigo, las reacciones de los familiares iban desde la sorpresa, pasando por la risa disimulada, hasta la admiración, esta última acompañada de comentarios del tipo: "¿Viste que bien que come Pablito? Esa es la manera correcta de comer, masticando bien la comida".

Al irme a estudiar Ingeniería, seguí masticando de la misma forma. Mis compañeros de departamento comían como corriendo una carrera y ni siquiera se quedaban a mirarme mientras terminaba de comer mi plato de comida. Cuando me juntaba a estudiar con algún compañero de la facultad, la rutina terminaba siendo más o menos la misma. Por ejemplo, me acuerdo que cuando me juntaba a estudiar con mi amigo el Ñato, el cocinaba, comía en 10 minutos y cuando terminaba se iba a dormir 15 minutos y para cuando se despertaba, yo estaba terminando de comer y empezaba a lavar los platos.

Hoy en día sigo con mi inconsciente rutina de masticación. Mastico el asado, mastico los fideos, mastico una medialuna, mastico una manzana, mastico una papa, mastico una porción de pizza, hasta mastico un yogur o un flancito. Mi mujer y mis hijos me miran masticar y después de un ratito se cansan y se levantan y se van a hacer algo mas interesante que mirar al marido / padre mientras termina de ingerir el almuerzo o cena.

Se supone que esta forma de comer es muy saludable y debería ayudarme a mantener mi peso, evitar que mi sistema digestivo trabaje de mas, permitirme disfrutar a fondo los sabores y texturas de cada plato, reducir las flatulencias, mejorar el color de mi piel, reducir las arrugas y a lo mejor, solo a lo mejor, contribuir con mi objetivo no confeso de llegar a vivir doscientos años... Por lo pronto, lo que esta pasando es que siempre termino de comer solo. Solitaria la vida / comida del que mastica mucho.

Saturday, April 5, 2014

Colecciones - Música

Revisando los cajones del escritorio de la oficina esta semana encontré un montón de CD's. 

En esta época de música on-line, Soundcloud, Grooveshark, etc., seguir escuchando música en CD es un síntoma de antigüedad, pero es que para mi todavía tiene un gustito especial el tomar la caja del compact entre mis manos, mirar detenidamente el arte de tapa, abrir la caja, sacar el librito con las ilustraciones y las letras y leerlo detenidamente, sobre todo las primeras veces, mientras empiezo a escuchar la música en los auriculares. 

La lista de compacts que encontré es la siguiente:

1) Maria Rita - Elo - Disco regalado por mi familia. Fué el segundo de María Rita que llego a mis manos. Fácil de escuchar. Muy, pero muy disfrutable. Música brasilera de la mejor. Mientras escribo esto recuerdo un detalle casi cholulo, pero que creo que sirve para explicar porque esta mujer canta tan lindo. María Rita es hija de Elis Regina.

2) Living Colour - Stain - Difícil de escuchar completo. Vernon Reid y los demás muchachos de la banda se pusieron mas experimentales que nunca. No hay ningún hit para la radio. Después de escucharlo mucho, te parte la cabeza.

3) IKV - MTV Unplugged / Ninja Mental - Muy lindas y cuidadas versiones de los temas mas conocidos de la primera época de la banda. Hay un tema donde participa papá Spinetta. Lo volví a escuchar hace poco después de mucho tiempo y me sorprendí de lo bueno que esta el disco.

4) Norah Jones - Come away with me - Easy listening. El debut de Norah plasmado en un disco redondito, parejo. Sin estridencias, suavemente, una canción a la vez, esta hermosa pequeña mujer te va dejando tonto, desarmado. 

5) Raly Barrionuevo - Rodar - Hermoso disco. Es el tercer o cuarto disco de Raly que compré. Contiene un tema que es una perla: "El sol parece lluvia".

6) Spinetta - Elija y gane - Las antologías y selecciones suelen ser, en mi opinión, una forma poco arriesgada de tratar de entender / recorrer la obra de un artista comprando un solo disco. Pero en este caso, la selección de temas estuvo a cargo del propio Spinetta y el disco esta hecho no solo de grandes éxitos sino también de temas un poco mas raros, extraños y hasta un inédito.

7) Chango Spasiuk - La ponzoña - Este disco lo compré porque incluye el tema "Misiones". Para mi, es un tema no apto para escuchar en la oficina llena de gente, porque me cuesta explicar porque tengo los ojos vidriosos cuando termina y me saco los auriculares.

8) Horacio Castillo - Guitarra - Lo tengo sin abrir. Me lo regaló mi madre. Se me traspapeló mucho tiempo. Para cuando lo volví a encontrar, Horacio Castillo ya había muerto en un accidente. No sé porque, pero realmente me da como cierto temor escuchar el disco.

9) Red Hot Chili Peppers - Californication - El mejor disco de RHCP. Todos los temas son hits. Se puede escuchar todo el día, sacudiendo vigorosamente la cabeza, mientras los demás se preguntan que cosa tan energética podes estar escuchando en los auriculares. 

10) Andres Calamaro - On the rock - Me quedo la caja sola. Tengo que tratar de encontrar el disco. Los temas me quedaron en el ipod.

11) Raly Barrionuevo - Noticias de mi alma - Disco tranqui de Raly. Es de esos discos cuyos temas son aparentemente muy simples al comienzo, pero a medida que los vas escuchando, si prestas atención, te vas dando cuenta que es como que tienen muchas capas.

12) Jamiroquai - Travelling without moving - 1996 / El disco mas vendido de la banda. Variadito. Incluye hits funk como "Virtual Insanity" o "Cosmic girl", pero también algunos experimentos como "Didjerama". Imposible no empezar a mover la patita mientras suena "Virtual Insanity" y se nos va dibujando una sonrisa en la cara.

13) Tom Waits - Mule variations - Áspero. No es simple de escuchar. Se nota a que a Tom Waits a esas alturas del partido todo le chupaba un huevo. Lo volví a escuchar hace poco, prestando atención a las letras y le encontré un nuevo costado interesante a algunas de las canciones.

14) Vivaldi - The four seasons - Música clásica. Un cacho de cultura.

15) Bajo Fondo Tango Club - Copia trucha. Discazo con el que Santaolalla en su rol de productor y sus pollos rioplatenses llevan el concepto de "tango fusión" a las masas (o algo así). Me puedo acordar de memoria del fraseo ronco de la Gata Varela en "Perfume".

16) Astor Piazolla y su quinteto - Adios Nonino - Tango jazzeado / distorsionado, llevado a los límites. Creo que es el único disco de Piazolla que tengo. Incluye, obviamente, el tema "Adios Nonino". Son solo 7 temas que te dejan medio tonto, triste y alegre a la vez.


Wednesday, April 2, 2014

Colecciones - Libros

Miro la pila de libros que se encuentra encima de mi mesa de luz, coronada por el estuche de plástico transparente de mis lentes de lectura. Son siete los libros de la ecléctica colección. 

De abajo hacia arriba tenemos:

1) ¿Cric? ¡Crac! - Edwidge Danticat - Este libro de cuentos lo descubrí leyendo una reseña en el suplemento cultural de un diario. Historias de mujeres. Historias cruentas, dolorosas, pero con un dejo de esperanza en el final. Cuando uno va terminando el libro, descubre como las distintas historias de las protagonistas se fueron / se van entrelazando a lo largo de varias generaciones.

2)  Nadar de noche - Juan Forn - Libro preferido / autor preferido. Este libro, que fué el primero de este autor que llego a mis manos, incluye el cuento "Para Gaby, si quiere". Ese cuento para mi fué / es muy importante por varias razones. La forma en que el protagonista desvaría mientras va desarrollando / recorriendo su historia, hasta llegar a la sorpresa del final, todavía logra dejarme cierta angustia dando vueltas en el pecho. Puede que la mayoria de los libros de Juan Forn que leí después no me hayan gustado tanto, pero este en particular me sigue pareciendo el mejor, quizas por cierta frescura desprolija que se puede percibir al leer los 8 cuentos que lo conforman. 
Una vez se lo presté a mi padre y él, después de leerlo me dijo: - escribe bien, pero las historias son muy tristes... - Y esa también me pareció una muy buena descripción para este libro.

3) Ojos de perro azul - Gabriel Garcia Marquez - El cuento que da título al libro es el que más me gusta. Lo volví a leer hace poco a raíz de un comentario que una de mis hermanas posteó en su cuenta de Facebook y me volvió a dejar las mismas sensaciones que cuando lo leí la primera vez... ¿Cómo puede ser que al despertar no podamos recordar lo que soñamos?

4) ¿Acaso no matan a los caballos? - Horace McCoy - Librito viejo de páginas amarillas heredado de mis padres. Edición de 1973. Tiene la firma de mi padre en la segunda hoja. Triste historia ambientada en la época de la gran depresión en los Estados Unidos. No hay moraleja. No hay esperanza. Solo los personajes tratando de llegar de alguna forma al día siguiente.

5) El corazón de las tinieblas - Joseph Conrad - Otro de mis autores favoritos. Leyendo el libro, lleno de extensas descripciones de los paisajes que el protagonista va recorriendo, se me hizo evidente que el autor había estado en cada uno de los lugares descriptos. Finalmente, me sigue fascinando el hecho que Conrad, siendo polaco de orígen, haya llegado a ser uno de los mejores novelistas de lengua inglesa de todos los tiempos.

6) El extranjero - Albert Camus - El primer libro que leí de Camus. También heredado. Hiper-realista. El personaje, la historia, me hicieron pensar que cualquiera podía ser un asesino y que uno podía identificarse con ese asesino. Solo un reflejo, cierto movimiento, puede alcanzar para que terminemos matando a otra persona.

7) ¿Hay vida en la tierra? - Juan Villoro - Este último lo estoy leyendo en estos días. Compilado de las columnas semanales que Juan Villoro escribió en dos diarios durante varios años. Fácil de leer. Es como una especie de Daniel Salzano mexicano. Las historias / crónicas disparadas a partir de cualquier evento o la simple presencia de un objeto de uso cotidiano, le sirven al autor para ir y volver en el tiempo relacionando costumbres, personajes y sentimientos con una maestría envidiable.